viernes, mayo 01, 2009

El delirio perfecto

La crisis avanza y, como en los delirios perfectos, todo adquiere un sentido. Es ciertamente reconfortante. La seguridad del desastre, la caída de todos los velos y engaños. El más oprimido de los desgraciados colabora con su cuota, con sus humildes impuestos, para refinanciar la deuda de esos grandes ejecutivos que jugaron a la güija en Wall Street, invocando un fantasma maligno que, como no podía ser de otra manera, recorre Europa. Pero no hace falta irse tan lejos. Wall Street y Europa son nombres que suenan igualmente exóticos por estas latitudes. Aquí, en esta Hispania que jamás se altera porque siempre está alterada, tenemos record de paro. Es la única cifra que debiera importar en este monopoly de mierda que llaman ciencia económica. Recuerdo sueldos miserables en esa edad dorada en la que el PIB crecía al 4%. No soy el superviviente de una catástrofe nuclear. Nadie hablaba entonces de la crisis. Recuerdo los trabajos temporales y recuerdo incluso la cola del paro, que existía también entonces. Recuerdo los periódicos, que informaban alegres de lo llenas que estaban las arcas de los poderosos. Al final de todo aquel tocho de páginas, justo cuando uno empezaba a preguntarse qué coño tenía que ver con tanto éxito, llegaban las victorias de Nadal y de Gasol. Tipos brutos al igual que uno, pobre gente como uno. Triunfadores. El gran sueño hispano. Las futuras generaciones estudiarán a conciencia nuestra estupidez. Nos lo creímos todo. Cuando hablábamos con cualquier guiri sacábamos pecho y nos identificábamos con el desafortunado mantra de Zapatero: estamos en la Champions League de la Economía mundial.



Ahora estamos más cuerdos, más lúcidos, gracias al Gran Crack y al índice Nikkei. Es un drama, claro, y los medios nos lo muestran cada día, todos los días, a todas horas. Este es Paco, que se ha quedado en paro. Esta es su mujer, que no trabaja. Estos son sus hijos. Esta es su casa, que está hipotecada. Qué pena, ¿verdad? Snif, snif…

Pero quizás, por una vez, las cosas estén cambiando. Los periódicos no venden. Los banqueros sudan (poquito, pero sudan). La censura reaparece (véase la columna que no salió publicada de Enric González esta misma semana, tremendamente ingenua y soft, aún así censurada). Hay miedo allí arriba. No nos creemos la historia de Paco y su mujer y sus hijos y su casa hipotecada porque sabemos que han editado el vídeo y han cortado allí donde Paco pedía la cabeza de sus jefes. Porque estamos pensando en eso, exactamente en eso. La columna de Enric González fue censurada porque pronosticaba que los trabajadores pagarían “la ludopatía bursátil” de sus jefes. Algo que ya ha pasado, que está pasando, y de lo que todo el mundo es consciente, absolutamente todo el mundo. De hecho, esa es la explicación oficial de la crisis. La explicación dada por alguien como Mr. Barack Obama, tan adorado y tan guapito. Empresarios “poco éticos” jugaron a ser aprendices de brujo y bla bla bla… Pero aquí no podemos admitirlo oficialmente, todavía no. Los periódicos adelgazan e intentan seguir como si nada estuviese pasando. Pero está pasando. Y no sólo eso sino que, además, todos lo están viendo. Aquí todo irá más despacio. Aquí seremos, para lo bueno y para lo malo, fríamente cerriles, como siempre hemos sido. Mucho más que en esos lugares exóticos: Wall Street, Islas Caimán, Europa… Quizás venga bien, quizás sea la hora.

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